Tras la noticia del ya famoso plátano lanzado a Dani Alves en
el Madrigal, el Villarreal ha puesto en marcha una investigación para detectar
al autor de la acción. Para la sorpresa de muchos. El, hasta hace poco, anónimo
energúmeno, tiene 25 años, y es todo un entrenador de las categorías inferiores
del Villarreal, concretamente del Cadete. Bueno, es no, más bien era, porque el
Club ha decidido cesarlo del cargo, retirarle su carné de socio y prohibirle la
entrada al estadio de por vida. Gran medida, por parte del Villarreal… ¿o no? Lo
cierto es que toda esta situación pone de manifiesto que el club ha puesto poco
interés en valorar la figura de este entrenador. Sé que muchos no estarán de
acuerdo con esto, pero quizá no era merecedor del puesto que ocupaba en un club
que sobresale por encima de miles en España. También podemos concluir de toda
esta situación que muchas veces los papeles no están por encima de las
personas, es decir, que mucha formación no hacen de una persona la mejor
cualificada.
Últimamente se desarrollan cientos de
campañas para potenciar y extender los valores que el deporte necesita de todos
los que lo rodean. Existen campañas antirracismo, antiviolencia, de juego limpio,
de respeto al rival y a los árbitros, etc. Sin embargo, no sabemos diferenciar
en qué punto el problema está viniendo desde fuera, desde los espectadores, o
realmente viene desde dentro…
La preparación técnica, táctica o psicológica son
elementos que ponderan la calidad del fútbol, sin embargo hay otras variantes
que a muchos se les escapan de toda su formación: los valores. La humanidad
debería ser una parte elemental del deporte, debería estar implícita en el
significado de la palabra. La rivalidad
y la competición no son sinónimos de enemistad. Un entrenador (en especial
los de categorías inferiores y escuelas deportivas) debe ser transmisor de valores
positivos, humanitarios y solidarios; pero lo más importante de todo esto es
que el propio entrenador debe creer en el producto que está vendiendo. Todo
esto se convierte en papel mojado cuando la figura principal, el modelo, queda
al descubierto de sus verdaderos principios en los momentos de tensión, cuando pierde el autocontrol. Pero esto
va más allá, en muchas ocasiones la transmisión que se hace hacia los pupilos
está marcada no por lo que se dice, sino por aquello que se transmite, esa comunicación
no verbal pone de manifiesto y transmite subliminalmente la realidad de los
pensamientos.
Hay que considerar la importancia del
personal de las escuelas deportivas, muy infravalorada a pesar de la evolución
del deporte. La cualificación técnica es elemental, sin embargo hay que poner
especial atención a la cualificación humana y personal del entrenador. En las escuelas deportivas no se forman deportistas,
se forman personas que valoran la importancia del deporte en toda su amplitud,
y hay que darle la importancia que merece. Entrenadores y padres, son los
principales modelos y referentes a seguir de una forma u otra, y deben saber
qué tienen que transmitir, y formarse para ello, para conseguir lo que ellos
quieren de sus jóvenes deportistas.
No puedo acabar sin mencionar que Dani
Alves no me parece el mejor transmisor de valores deportivos que pisa los
campos de fútbol, sin embargo hay cosas que no se pueden tolerar, estoy
totalmente de su parte en esto, del mismo modo que en otras ocasiones con Eto’o,
Prince Boateng y otros tantos casos de racismo en el deporte. Me parece
increíble que tanta gente ponga de manifiesto la involución social que aún
queda por erradicar. A todos ellos, lo peor que les deseo es que sus hijos no
sean como ellos…
Los años van pasando y el deporte
evoluciona a pasos agigantados. Cambia la forma de verlo, la forma de vivirlo,
la moda deportiva, los sistemas de juego, la tecnología que lo rodea, y un
sinfín de aspectos. Sin embargo hay algo que nunca cambia, que siempre sigue
igual… EL ÁRBITRO. Esa figura tan
odiada, que nunca sobresale por su buena actuación, pero que una mala decisión
puede hundirlo. Esa figura que nunca se muestra al 100% correcta, que siempre
podía haberlo hecho mejor. Ese eterno
culpable, ese eterno odiado.
La mayoría de los asistentes a un
partido tienen cierta facilidad para cargar con el árbitro. En cuanto toma una
decisión que se considera inapropiada comienzan las protestas y los gritos. El
árbitro siempre es considerado como un enemigo en el juego para ambos equipos y
sus respectivas aficiones. Su criterio nunca parece acertado y en cualquier
circunstancia que pueda darse en el juego siempre se sacan varias conclusiones
que en pocos casos están acordes con su decisión. Pero esto va más allá, cuando
señala algo que se considera como acierto pronto empezamos a escuchar el “¡ya está bien que des una!”. Ni
acertando, llegan a acertar del todo. Nadie nunca va a estar totalmente de su
parte. Siempre es tratado con hostilidad, insultado, criticado y, desgraciadamente,
en los peores casos agredido.
Pero ¿a qué se debe ese odio?
Desde aquí me gustaría hacer un breve análisis del porqué. El árbitro es una
figura que influye directamente en el juego y resulta muy sencillo hacer de él
el protagonista de un encuentro por muchas razones.
En primer lugar, entendemos que sus
decisiones marcarán el juego, que beneficiarán o no a mi equipo. Nunca
llegamos a considerar totalmente lo que el jugador ha hecho, sino la decisión
que ha tomado el árbitro al respecto. En ese caso, está solo.
En segundo lugar, es entendible que
tanto los equipos como los jugadores ejerzan presión sobre el árbitro para
intentar influir en lo que ha decidido, pero más aún en lo que pueda o no
decidir en las próximas acciones del juego. Cuando se ha equivocado nadie
duda en hacérselo saber, pero son pocas las veces que se aplauden (sin ironía)
sus decisiones correctas.
En tercer lugar, el equipo arbitral
(entre 1 y 4 miembros) se encuentra sólo entre fuego cruzado. Son muchos los
miembros de un equipo (titulares, suplentes, entrenadores, delegados…) ejerciendo
algún tipo de presión, y más aún cuando tienen una afición detrás que alienta
sus protestas o aviva el fuego de la intensidad en el juego. Las masas
suelen ser anónimas, y resulta muy fácil ser uno entre una multitud. Así el
grupo es más fuerte, pero más radical y fanático y con facilidad se pierde el
control de la masa.
Por último, la figura del árbitro representa
la autoridad, quién tendrá la última palabra en cada situación, y es por
ello que adquiera una connotación negativa frente a la que hay que
revelarse.
De todo esto, podemos concluir en que
todo el mundo tiene un criterio frente a una acción, que todos podrían ser
árbitros. Si hay una crítica es porque existe un criterio. Pero ¿quién se
atreve a tomar las riendas? Esto ya no resulta tan sencillo…
Pero, ¿quién realmente se ha parado a
pensar cómo es ser árbitro? ¿Quién es capaz de imaginar lo piensa un árbitro o
cómo procesa la información? La profesión arbitral resulta más dificultosa de
lo que la mayoría se ha parado a pensar. La dificultad no es otra que tomar la decisión más acertada en el mínimo
periodo de tiempo, teniendo en cuenta todos los factores que condicionan de
forma directa o indirecta el juego (presión atmosférica, condición emocional de
los jugadores, estudio premeditado del juego de ambos equipos y jugadores,
entre otros tantísimos…). Una laboriosa tarea que pocos se han parado a
valorar, pero resulta el rol más complicado durante un encuentro.
No puedo acabar el post sin referirme a
la educación. La educación que estamos ejerciendo sobre los jóvenes deportistas
con respecto a la figura del árbitro. El respeto debe ser primordial, debemos educar para dialogar y no para
discutir. Sacaremos más de alguien simplemente hablando o comentando la
acción. No debemos caer en las facilidades que proporciona se parte anónima de
un tumulto irritable. No debemos adquirir como modelo a los mediáticos, ellos
se juegan puestos millonarios y dejan a un lado el respeto. Debemos tener
principios y criterios propios y ejercerlos modélicamente para empapar a las
futuras generaciones de la importancia del respeto por la figura del árbitro,
el juego limpio y el cumplimiento de las normas. Y debemos concebir al árbitro
como un educador en el juego. Sólo así conseguiremos seguir avanzando en la
evolución de nuestro deporte.
Te recomiendo que si alguna vez estás sentado al lado de un 'energúmeno' de estas características, le invites a que se relaje y disfrute del espectáculo que tiene delante, que se supone que es a lo que ha ido al campo...
Que nadie se asuste ni se
incomode al leer este título. Durante la jornada de ayer, lunes 27/01/2013,
tras haber visto el programa deportivo más famoso de España (Deportes Cuatro)
ha crecido mi indignación. Después he corrido a averiguar cuáles eran las
portadas de los gigantes de la prensa deportiva escrita. Mi indignación ha
seguido en aumento, así que he hecho una pequeña reflexión en la página de
Facebook DeportivaMente, que a mi juicio y al de muchos otros, ha resultado muy
acertada.
Como he comenzado, que nadie
se incomode. Yo soy el primer forofo del fútbol, y me resulta atractivo como al
que más. Me apasiona, y como la mayoría, soy aficionado de un equipo en concreto.
Creo en los métodos, conozco principios tácticos, tengo mis opiniones como
todos, me encanta que este sea año de Mundial, y cada día de partido me gusta
disfrutar del momento de ver a mi equipo.
Pero claro, no soy amante de
un solo deporte. Existen otros por los que siento devoción, y me incomoda que
los medios deportivos intenten a toda costa monopolizar la esencia del deporte
en el fútbol. Y, ¿sabes de quién es la culpa? Efectivamente, del dinero. Y es
que los medios de comunicación gastan millones y millones para poder emitir las
imágenes que nos deja el fútbol cada día. Claro, esto crea más y más afición, y
ha llegando un punto en el que si quieres ser parte de esa afición tienes que
gastar mucho dinero para poder comprar una entrada, una camiseta o simplemente
verlo por TV en casa. A su favor, cuenta con unas cifras escandalosas de
audiencia, cada día son más personas las que practican este deporte. Pero, ¿y
los demás qué? Todo esto contribuye a que el resto de deportes estén quedando
fuera del alcance de la audiencia. Las cifras de federados en el resto de
deportes quedan mucho más por debajo de las del fútbol. ¿Esto convierte el
fútbol en el mejor deporte? No voy a entrar en la simpleza de qué es mejor o
peor, simplemente opino que el fútbol no es el mejor emisor de principios y
valores, ya que cuando los intereses que hay en juego son tan grandes, hay que
ganar a toda costa. Y por no hablar de la figura del árbitro, que pasa a ser el
villano de cada semana (por favor, leed el post de mis amigos de
Espacio Fútbol @FutbolPsicologi).
Todo esto está desembocando
en que, en otras modalidades deportivas estén desapareciendo clubes de gran
elenco en el pasado. Que jugadores profesionales tengan que desarrollar sus
carreras en otros lugares, y que incluso deportistas de élite tengan que pedir
literalmente ayudas económicas para poder participar en campeonatos mundiales.
Ayer, mientras todas las
portadas y sumarios de los medios ocupaban la chilena no-gol de CR7, el nuevo
rol de pasador de Messi, los ‘piques’ en los partidos de Diego Costa y el
repaso a todos los goles de las ligas europeas durante más del 90% del tiempo
de emisión, la selección española de balonmano acababa de proclamarse medalla
de bronce en el Campeonato de Europa de Dinamarca. Mi amigo Jorge Maqueda (@maqueda5), es
medalla de bronce y oro en el Mundial de Balonmano (2011 y 2013), y medalla de
bronce en el Europeo (2014), sin embargo ha tenido que marcharse a Francia para
jugar, porque aquí la liga Asobal está perdiendo todo por lo que tanto habían
peleado durante tanto tiempo. Para mí es tan grande como Iniesta, Casillas o
Xabi Alonso. Además, Rafa Nadal acababa de perder la final del Open de
Australia con el mayor de los señoríos que se pueden perder. Dejándose la piel por
acabar un partido que él mismo sabía que iba a perder por su lesión de espalda
y su llaga en la mano izquierda que tanto le ha hecho sufrir en el campeonato.
Y por último, se acababa de realizar el sorteo de la Copa de la ACB del que ni
siquiera mencionaron los resultados.
En definitiva, considero que
el fútbol no es lo que se demanda, creo que es la única oferta. Y que gracias a su
difusión lo único que se está consiguiendo es devaluar otras modalidades
deportivas, que la lesión del jugador ‘tal’ sea asunto de estado, que cada día
la famosa ‘rotonda de Valdebebas’ esté a rebosar (algún día ocurrirá algo), que
las aficiones de los equipos se enfrenten hasta límites psicóticos, y que el
precio del fútbol se siga disparando. A mí me encanta el fútbol, lo disfruto
como todos, pero vamos a darle a cada cosa el valor que merece.
¡Feliz Año a tod@s!
Desde deportivaMente me gustaría desearle a todo el mundo que este año esté
lleno de salud y trabajo y que todos vuestros deseos y propósitos se hagan
realidad.
Y hablando de
propósitos, bienvenidos a Enero, el mes de los gimnasios, las dietas milagro y
las costumbres forzadas. Si, es así. Este es un mes en el que casi todo el
mundo se propone quitarse esos kilitos de más. Todos empezamos el año con
energías renovadas, llenos de ilusiones que poco a poco vamos dejándonos en el
camino (la mayoría durante el mes de enero). Hoy, sin profundizar mucho en el
tema, me gustaría hablar de lo que todos los que realmente “conocemos” el
deporte sabemos. Ni existen las dietas
milagro, ni existen las operaciones bikini.
Antes hablaba de las
Costumbres Forzadas, he creado ese término a botepronto para definir el hecho
de empeñarnos en hacer ejercicio a pesar de que nuestro cuerpo y nuestra mente
nos dicen “¡¡¡QUE NO QUIERO!!!”. Y realmente tienen razón. Caemos en los
topicazos post-navideños, y queremos darle al cuerpo más de lo que puede
soportar poniéndonos como excusa todos los polvorones, mantecados, turrones,
roscón y demás dulces típicos de la época. Y, claro, teniéndolos casi aún en el
cuerpo nos hacen sentir culpable y queremos abarcar más ejercicio del que
realmente podemos. ERROR. Duramos 4 días y empezamos a pensar en las dietas
milagro.
Y luego vienen las dietas milagro, y claro como no acudimos al médico
especialista el Dr. Google para que nos diga cuál es la más afín a nuestra
personalidad. Ayer mismo, después de una última copiosa cena del Día de Reyes
alguien me hablaba de una nueva dieta milagro que consistía en no comer nada
durante dos días, y milagrosamente al tercero ¡podías comer casi lo que
quisieras! ERROR. Mi respuesta fue sencilla y cietífica, “seguro que si el
tercer día tampoco comes, adelgazas más…”.
El ejercicio físico no
debería ser una actividad forzada, no es algo que deba utilizarse sólo para
épocas de sobrecargas alimentarias y alcohólicas. El ejercicio físico debe ser
una constante que nos permita sentirnos vivos y llenos de energía para afrontar
nuestro día a día. No hay que caer en el error de sobreesforzarse. Hay que
realizarlo de forma progresiva, a medio-largo plazo, y los resultados irán
llegando a medida que pasen las semanas. Sin prisas. Aumentando el volumen y la
intensidad semanalmente. De nada nos sirve salir una tarde a correr, estar dos
horas, llegar reventado a casa y al siguiente día sentir que tienes termitas en
vez de agujetas. No durareis ni una semana… Tampoco vale hacerse propósitos
acorde con la condición física de nuestro cuerpo de hace 10 años, porque luego
vienen las sorpresas.
Y luego están las
dietas. La alimentación juega un papel primordial en nuestra vida, ¡y ojo! Que no
quiero engañar a nadie, yo no soy el más indicado para hablar de buena
alimentación (tampoco soy de los peores… jejejeje). La alimentación es del
mismo modo que el ejercicio, una constante. Si es cierto que no soy partidario
de esos tan estrictos con su alimentación, las fiestas están para disfrutarlas,
y si uno se cuida y se “priva” de forma habitual, tampoco es muy complicado
retomar esos hábitos tras el parón. De nada sirve pasar hambre durante unos
días, si luego nos viene bien cualquier excusa para atiborrarnos.
También existen
complementos naturales que pueden ayudarnos en nuestra alimentación y
aportarnos beneficios para el ejercicio. Los tés por ejemplo son quemagrasas y
además nos aportan energía.
En definitiva, estas
energías renovadas y estas ganas de empezar con hábitos nuevos puede ser
beneficioso, pero sólo si lo hacemos con calma, sabiendo lo que queremos y para
cuando. Las operaciones bikini no son en enero y mayo, son durante todo el año,
así que ya puedes empezar a cuidarte y a hacer ejercicio, pero poco a poco y
sin prisas.
Estos dos no empezaron la operación bikini en Mayo del año pasado...
Hoy voy a escribir de la forma más personal, desde una perspectiva que me aborda y
que se me hace necesario expresarme. Claro que del mismo modo que sirve de
experiencia para mí, me gustaría que mis lectores sintáis empatía para con mi nueva situación... Ahí voy.
Cuando
hablamos de un equipo, hablamos de un grupo de personas que interactúan
apoyándose unas de otras en la realización de una tarea para conseguir un
objetivo. Sin embargo, parece que esta definición deja un poco al margen el
lado más humano del equipo. Un equipo está compuesto por personas que en la
mayoría de las ocasiones provienen de diferentes lugares y experiencias. Que se
han desarrollado bajo criterios o principios diversos y que suman sus
capacidades para realizar un fin. Por tanto existe una relación intra e
interpersonal entre los miembros de un equipo. Como el tejado de una casa evita
las inclemencias del tiempo; las paredes sujetan el peso; las puertas permiten
el paso; las ventanas permiten la luz; o la calefacción aporta calor… todo
junto forma un hogar. Cada miembro de un equipo aporta una habilidad, un
granito de arena a la tarea para conseguir los objetivos.
A
lo que intentaba referirme cuando hablaba del lado más humano, es al desempeño
de los roles dentro de un equipo. En el caso de los deportes de equipo, en
muchas ocasiones los roles que desempeña cada jugador no están ligados a la aportación
en la tarea. Si quitamos la calefacción no se hunde la casa, pero el ambiente
será muy frío en invierno. Los goles no son proporcionales a la simpatía; las
paradas de un portero no equivalen a más amistades; ni los minutos jugados
hacen crecer la empatía. En los equipos hay máximos goleadores, jugadores que
juegan mucho y otros que juegan menos, jugadores con más y menos
responsabilidades, pero, si todo funciona bien, al llegar al vestuario no es
eso lo que debe quedar reflejado. Lo que se ve detrás de la cancha es un grupo
de amig@s que disfrutan de la compañía mutua. En los viajes de equipo todos van
mezclados, todos aportan lo mismo en sus conversaciones y todos se ríen de las
mismas bromas.
En
ocasiones, la vida pone a prueba también a los equipos, y para esto no importa
la edad, ni siquiera el nivel de competición. A partir de mañana seré
consciente de cómo se va una parte del equipo. Para esto soy nuevo, es una nueva
experiencia, y aunque va a ser complicado me voy a empeñar en aprender de ello.
Sin embargo me rondan las preocupaciones. Sé que van a ser unos momentos duros
para mis jugadoras (de entre 12 y 13 años), pero ¿cómo reaccionarán a medio plazo
a esta situación? No sé cómo, lo que sé es que voy a empeñarme en que su
refugio sea el deporte, su pequeño equipo. Seguir viéndose las caras para
apoyarse unas a otras. No se va una jugadora, se va una amiga, y no saben
cuándo volverán a verla… A mí como entrenador se me hace difícil, no quiero
imaginarme cómo será para las pobres. La vida les va a dar una lección a todas,
a partir de mañana van a ser conscientes de que a veces las cosas se ponen
difíciles y hay que hacer sacrificios para seguir adelante… Les va a costar
entenderlo.
Hoy
estoy escribiendo de la forma menos “profesional”, quizá sea porque ahora me ha
tocado a mí vivir la experiencia. Habrá que hacer de tripas corazón, reaccionar,
y aprender.
Hace unos días saltó una noticia que me impactó bastante: “el
Milán buscaba psicólogo para Mario Balotelli”. Para aquellos que, por lo que
sea, no conozcan el perfil de éste jugador italiano, de forma resumida podemos
definirlo como un jugador que carece del sentido de las normas que sean
impuestas por agentes externos a su propia persona. El excéntrico futbolista,
en el campo se muestra con una agresividad extrema, y hace gala de ella en
cualquier situación que perciba como nociva para él. Jugadores contrarios,
árbitros, entrenadores e incluso compañeros han sufrido y aguantado alguno de
sus irreflexivos y belicosos episodios.
A partir de aquí, cabe preguntarse la causa de esta personalidad
tan peculiar… Hijo de inmigrantes ghaneses, su familia biológica tuvo que darlo
en adopción a los Balotelli para asegurar su futuro. Con el paso de los años,
Mario alcanzó la élite futbolística, y sus padres biológicos, los Barwuah
exigieron su regreso. Con todo esto (y sin querer seguir indagando), es muy
probable que el joven deportista haya sufrido diversas inestabilidades
familiares que han forjado su personalidad. Por otra parte, probablemente
consciente de sus dificultades socioeconómicas del pasado, Mario Balotelli
también se caracteriza por sus actos de solidaridad. Sin dar muchos rodeos por
la red, he encontrado un ‘Ranking con las 50 locuras de Mario Balotelli’,
juzgad vosotros mismos Lista de Locuras de Balotelli.
Ni que decir tiene que su talento es indiscutible, por ese motivo sigue
ejerciendo su labor en la élite… pero a qué precio para los clubes.
Volviendo al tema, en cuestión. ¿Cuál es el problema que persigue
a Balotelli? EL AUTOCONTROL. ¿Y qué es el autocontrol? Aunque la propia palabra
lleva implícito el significado, vamos a ver de qué forma se puede expresar. El
autocontrol se define como la habilidad de controlar las propias emociones,
comportamientos, deseos e impulsos. En palabras llanas, es el fenómeno por el
cual un deportista (en nuestro caso) se retiene a sí mismo para no decir o
hacer todo lo que se le pasa por la cabeza durante un “calentón”.
Mario Balotelli ha sido el ejemplo a exponer en el post, sin
embargo existen muchísimos casos que ponen en evidencia la falta de autocontrol
de muchos deportistas, y aquí no sólo hay que referirse al fútbol. Al final del post veremos algunos.
El caso es que el autocontrol no es un defecto genético que el
capricho del azar inserta a uno de cada cincuenta seres humanos (yo diría que
bastantes menos, pero bueno, por poner algo). No, de ninguna manera. Aunque
muchos piensen que sí… como por ejemplo los padres de esos jóvenes deportistas,
que son líderes de sus respectivos equipos que dicen llenos de orgullo: “Ay, mi Jonathan… Con ese pronto y ese
carácter que me ha salido… ¡algún día va a acabar con nosotros! Jajajaja…”.
Y muchas más frases como estas que ni os imagináis. A mí desde luego, de lo
único que me dan ganas es de coger a ese tipo de padres, encerrarlos en una
habitación y darles un par de clases de implicación parental, ¡pero bien dadas!
A lo que voy (que no sé cómo lo hago pero siempre acabo yéndome
por las ramas) es a que el autocontrol tiene unas causas definidas, que pueden
clasificarse en dos apartados: internas y externas. En las causas internas
simplemente hay que destacar el equilibrio emocional actual que tiene el
deportista: presión, estrés, ansiedad… Por otra parte, las causas externas son
las que condicionan la conducta del deportista desde una perspectiva ajena a su
control: situación sentimental o familiar, presión de los medios de
comunicación… entre otras.
Una educación en valores de autocontrol ayudará a forjar en la
propia personalidad criterios de autorregulación del control. El hecho de saber
reprimirse para evitar estallar en cólera,
o decir cosas de las que luego puedan arrepentirse son herramientas que
constituyen un equilibrio emocional para el propio ser, y que deben canalizarse
de formas más constructivas. Por consiguiente, la estabilidad emocional será inversamente proporcional al
autocontrol, y será el principio regulador del mismo. A todo esto, hay que
añadir que la disciplina juega un papel fundamental en el autocontrol. Pero del
mismo modo, también influye directamente la imitación de un modelo, que
paulatinamente irá construyendo en el sujeto unos patrones de reacción erróneos
cuando entienda que le perjudica una determinada decisión o acción. Un ejemplo
muy extendido y que todos conocemos es el de esos padres que se enfadan con sus
hijos porque tienen una mala reacción. Luego los cogen y se los llevan a ver un
partido, para “animar a su equipo”. Mentira. En esos momentos de pasión, el
papá se olvida de su hijo, y tras una acción reconocida como nociva comienza a
expulsar por su boca una serie de adjetivos calificativos que, al día siguiente
el niño repasará en el patio de recreo cuando le hagan una falta. Y qué decir
de los aspavientos que hacemos con las manos…
No sé cómo se animará en el resto del mundo, pero en España la RAE
debería revisar el significado que le damos al término “animar”. Entre varios
significados se define como “infundir
energía moral a alguien”, aunque en este contexto, creo que debería
sustituirse por “acudir al visionado de
un partido con el propósito de criticar las decisiones del árbitro, y del mismo
modo mencionar en voz alta la profesión de alguno de sus familiares; analizar
el juego del contrario para: en el caso de que su juego sea fluido, pretender
desmotivarlo aplicándole una serie de imprecaciones, si su juego es inferior al
de mi equipo realizar observaciones abiertas aludiendo a sus incapacidades
mediante escarnios; y en menor medida, alentar a los animados, aunque sólo en
caso de conformidad plena con su juego, en caso contrario, y con más intensidad
incluso que contra árbitros o contrarios, se les indicarán una serie de
directrices para mejorar el rendimiento que a su vez estarán acompañadas de
recordatorios asociados al patriotismo de escudos y colores y con sus
respectivos agravios”. Por si no te habías dado cuenta, estoy de broma… He
pretendido exagerarlo mucho. Pero con esto me gustaría recordar que en todos
los campos debe haber un punto de inflexión, motivado por los miembros de los
propios clubes, para erradicar ciertas conductas o lenguajes utilizados, y
sancionarlos o condenarlos de alguna forma. Hay que cambiar el chip. Os invito
a que, si realmente amáis el deporte, sirváis de ejemplo, y si sois de los que
gritáis, por favor la próxima vez intentad mantener la compostura, porque eso
representa la imagen de un club y una comunidad, que se asocian a un pueblo o
ciudad.
Mi consejo para padres y entrenadores es servir de modelos de
integridad, control de emociones con respecto al deporte. Educar para la
diversión creativa. Y en el momento de una falta de autocontrol grave, un
desprecio al rival o a los espectadores, exista una sanción significativa para
erradicar el problema cuanto antes. Mostrarse analíticos y no críticos. A mí me
gusta buscar las causas y los porqués cuando veo un fallo de un tiro a puerta,
o determinar el porqué de la reacción de un jugador o entrenador… Pero en muy
pocas ocasiones pierdo los papeles.
Avanzando en nuestro tema, la falta de autocontrol conlleva riesgos
importantes para el propio jugador, el equipo y por supuesto el contrario… En
el deporte profesional existen medios estadísticos para medir la falta de autocontrol
(en función de la posición ocupada en el campo). Las amonestaciones y las
faltas realizadas, y acumuladas en el historial de un jugador son una buena proposición
para determinar si los jugadores pierden los papeles con más facilidad.
Volviendo al caso de Mario Balotelli (delantero), ha visto 56 tarjetas
amarillas y 8 rojas, creo que no está nada mal… por eso buscan psicólogo.
Para terminar, vamos a rememorar otras “pérdidas de papeles” de
deportistas de élite…
Zinedine Zidane, uno de los mejores futbolistas de la historia le
propinó un cabezazo a Materazzi en la final del Mundial del 2006. Los propios
comentaristas saben que el jugador italiano provocó al francés, pero aún así
condenan la acción de Zidane.
En el año 95, Eric Cantoná después de agredir a un contrario, perdió
los papeles y propinó una patada a un espectador que, probablemente lo
insultaría.
El defensor central del Real Madrid, Pepe, después de crear un penalti
agredió al futbolista del Getafe, Casquero, que estaba tumbado en el suelo. Después
de esa acción, Pepe se ha colgado un cartel de agresivo, del que no ha contribuido
mucho para quitárselo. De Pepe, sus compañeros dicen que es una gran persona, y
es un claro ejemplo de que el autocontrol no mantiene relación con otros
aspectos.
Los que más se supone deberían ser modélicos, también pierden los
papeles algunas veces, como fue el caso de Leo Messi en el Santiago Bernabéu,
que ante la impotencia no se le ocurrió otra cosa que pagarlo contra la afición
del Real Madrid, con un pelotazo.
Alejándonos del fútbol, es difícil ver a Roger Federer perder los
papeles, pero es la muestra de que en algún momento hasta el más ejemplar (con
permiso de Rafa Nadal, claro) se puede derrumbar.
Para acabar, el caso de un entrenador. Si es lamentable verlo en
jugadores, verlo en entrenadores ya es para echarse a llorar. En las imágenes,
Delio Rossi, agrede a un jugador en el banquillo tras tener un pequeño cruce de
palabras.
Y por último, un puñetazo.
jejeje. Buscando vídeos me he encontrado este, que me ha hecho gracia.
El árbitro se lo tomó con humor, que es como se han de tomar estas cosas…